La emblemática empresa argentina de neumáticos, Fate, anunció este miércoles su cierre definitivo, lo que implicará el despido de 920 empleados. En un comunicado oficial, la compañía informó que, a partir de la fecha, cesa toda actividad en su planta ubicada en Virreyes, en el partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires. Esta planta, la más grande del país, tenía una capacidad de producción que superaba los cinco millones de neumáticos anuales.
La decisión de cerrar Fate no fue tomada a la ligera. La firma argumentó que “los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente”, sin dejar de reconocer la “vocación industrial” que la caracterizó a lo largo de su historia. En su comunicado, Fate recordó su trayectoria de más de ochenta años, durante los cuales se consolidó como un líder en la industria, gracias a la inversión constante, el desarrollo tecnológico avanzado y un firme compromiso con la calidad.
La empresa destacó que, como firma de capitales argentinos, generó empleo de calidad, desarrolló proveedores locales, exportó tecnología y contribuyó significativamente al entramado productivo del país. “Esa identidad nos define y nos acompañará en los desafíos que se presenten hacia adelante”, señalaron desde la compañía. Al finalizar su mensaje, expresaron su profundo agradecimiento a todos los que acompañaron su trayectoria: “nuestros colaboradores, clientes, proveedores y a todos aquellos que confiaron en nuestra industria”.
El cierre de Fate no ocurrió de manera abrupta, sino que es el resultado de una erosión progresiva de la competitividad que la empresa había denunciado desde mayo de 2024. Entre los factores que llevaron a esta situación crítica se destacan tres ejes fundamentales: las importaciones chinas, el complejo contexto macroeconómico y la conflictividad laboral.
En primer lugar, a mediados de 2025, el mercado local se vio inundado por un récord de 860.000 cubiertas importadas en un solo mes. Esta saturación obligó a Fate a reducir sus precios en un 15%, lo que afectó drásticamente sus márgenes de ganancia y su capacidad de competir. En segundo lugar, la combinación de una sobrecarga impositiva, restricciones cambiarias y la falta de incentivos para la exportación dejó a la compañía en una posición desfavorable frente a competidores tanto regionales como globales.
Por último, la dirección de Fate advirtió sobre el alto costo laboral y la baja productividad, factores que, sumados a una relación gremial deteriorada, hicieron que la producción de neumáticos en Argentina resultara considerablemente más cara que la importación de los mismos. Este conjunto de circunstancias culminó en la decisión de cerrar una de las fábricas más emblemáticas del país, marcando un triste capítulo en la historia industrial argentina.

