La llegada del presidente de los Emiratos Árabes Unidos y emir de Abu Dhabi, Mohamed bin Zayed Al Nahyan (MBZ), a San Carlos de Bariloche el pasado lunes 23 de febrero de 2026, marcó un momento significativo tanto en lo logístico como en lo diplomático para la región patagónica. Este viaje, aunque privado, conlleva profundas implicaciones geopolíticas y requirió un despliegue de aeronaves de gran tamaño que operaron bajo un riguroso protocolo de seguridad.
El Boeing 787-9 Dreamliner, aeronave principal utilizada por el Emir, es parte de la exclusiva flota de Abu Dhabi Amiri Flight y no se trata de un avión comercial convencional, sino de una plataforma de mando y residencia aérea de lujo. Este avión realizó una escala en Rabat, Marruecos, antes de aterrizar en el Aeropuerto Internacional Teniente Luis Candelaria, un hecho histórico ya que es la primera vez que un Dreamliner de estas características opera en esa terminal.
El Dreamliner 787-9, variante de fuselaje extendido de la familia 787, fue diseñado para ofrecer un equilibrio excepcional entre capacidad y autonomía. Con una longitud de 62.8 metros y una envergadura de 60.1 metros, sus alas presentan un diseño aerodinámico avanzado que optimiza el consumo de combustible. Equipado con dos motores de última generación, generalmente Rolls-Royce Trent 1000 o General Electric GEnx-1B, estos motores son reconocidos por sus cubiertas dentadas que reducen la huella sonora en un 60% en comparación con aviones anteriores.
Además, el 50% de su estructura está fabricado con materiales compuestos, lo que lo hace más ligero y resistente a la corrosión. En su configuración VIP, el alcance del avión se extiende hasta los 17,000 kilómetros, permitiendo vuelos sin escalas de hasta 18 horas, conectando Abu Dhabi con cualquier punto del mundo, como se evidenció en su reciente arribo a la Patagonia argentina.
La tecnología del Dreamliner transforma la experiencia del pasajero, un aspecto crucial para un jefe de Estado que necesita estar operativo al aterrizar. A diferencia de los aviones convencionales que simulan una altitud de 8,000 pies, el 787 mantiene una altitud de cabina de 6,000 pies, lo que, junto con un sistema de humidificación activa, mitiga los efectos del jet lag, la fatiga y la sequedad ocular.
Este avión no cuenta con persianas físicas; en su lugar, utiliza cristales inteligentes que se oscurecen mediante un sistema electrónico de cinco niveles, permitiendo controlar la luz sin perder la vista exterior. Sus ventanas son un 30% más grandes que las de cualquier otro avión de su clase y cuenta con sistemas de filtración HEPA de grado hospitalario y un sistema de purificación que elimina olores y contaminantes de manera continua.
Los detalles del interior son considerados secretos de Estado, pero se sabe que la flota real emiratí sigue los más altos estándares de personalización. La Suite Real, ubicada en la parte delantera para garantizar la máxima privacidad, incluye un dormitorio con cama king-size, un baño privado con materiales nobles y un estudio personal. Además, dispone de un salón principal diseñado para audiencias diplomáticas, comedores de gala y salas de conferencias con tecnología de proyección y pantallas de ultra alta definición.
A diferencia de un 787-9 comercial que transporta a casi 300 personas, esta unidad está configurada para recibir entre 25 y 50 pasajeros, asegurando un espacio vital sin precedentes para el Emir y su círculo cercano. Como oficina móvil de un líder mundial, el avión es una fortaleza tecnológica, equipada con sistemas de comunicación satelital encriptada que permiten al Emir gestionar asuntos de Estado y realizar videoconferencias seguras desde cualquier altitud.
Se especula que estas unidades incluyen sistemas de contramedidas infrarrojas para neutralizar amenazas de misiles antiaéreos, así como radares meteorológicos y de proximidad de resolución militar. Además, el equipamiento incluye una suite médica de alta complejidad con monitoreo vital, desfibriladores y suministros para emergencias, atendida por médicos de la comitiva permanente.
En la comitiva también llegó un Boeing B777-313 ER, que arribó antes que el avión principal, cumpliendo la función de transporte de personal jerárquico y equipos avanzados de comunicación. A esto se sumó un Boeing C-17 Globemaster III, una aeronave de transporte militar pesado de la Fuerza Aérea de los Emiratos, que tuvo una función estrictamente logística, trasladando vehículos blindados, insumos médicos y equipamiento técnico necesario para la estadía en zonas remotas.
Una vez en Bariloche, la comitiva utilizó al menos tres a cuatro helicópteros, uno de ellos de color blanco para el traslado del Emir, con el fin de conectar el aeropuerto con los exclusivos establecimientos de la zona, evitando el tránsito terrestre por la Ruta 40. La magnitud del acompañamiento refleja la jerarquía del visitante, considerado uno de los líderes más influyentes del mundo árabe.
Se estima que la delegación está compuesta por más de 200 personas, incluyendo asesores de alto nivel, personal de seguridad de élite, equipos médicos privados y personal de servicio. En el momento del aterrizaje, se observó el ingreso a la pista de una caravana de aproximadamente 15 vehículos, que incluían camionetas de alta gama con patentes diplomáticas y camiones para el movimiento de contenedores.
El operativo fue coordinado de manera conjunta entre la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y el equipo de seguridad privada de los Emiratos, que mantiene un despliegue en la región desde el 17 de febrero de 2026. Esta visita ha sido clasificada como "no oficial" y se lleva a cabo bajo un hermetismo casi absoluto.
Según informes, el mandatario podría estar alojado en la Estancia Las Marías o en el exclusivo complejo Baguales, de capitales qataríes. El interés de esta comitiva no es meramente recreativo; se produce tras la reciente firma de acuerdos estratégicos en energía con la petrolera estatal YPF y en un contexto de creciente interés por la adquisición de tierras y proyectos de infraestructura en la Patagonia argentina.

