El Ejército de Ucrania lanzó un ataque en las últimas horas contra la planta que produce los misiles balísticos hipersónicos Oréshnik, situada en la región de Udmurtia, a unos mil kilómetros al este de Moscú y a 1.500 kilómetros de la frontera con Ucrania.
Según reportó el canal de Telegram Astra, la ofensiva impactó en la fábrica de maquinaria Votkinsk, un centro crucial que también fabrica los misiles Iskander y los intercontinentales Tópol-M. El Ministerio de Sanidad local comunicó que el ataque dejó un saldo de once heridos, de los cuales tres requirieron hospitalización y uno se encuentra en estado grave.
El gobernador de Udmurtia, Alexandr Brechálov, utilizó las redes sociales para informar que se trató de un ataque con drones de ala fija que afectó "una de las infraestructuras" de la república. Sin embargo, medios ucranianos afirman que la planta no fue golpeada por drones, sino por misiles de crucero de fabricación nacional conocidos como Flamingo.
Testigos y residentes de la zona confirmaron que se produjeron daños en dos de los talleres de la planta, que forma parte de la industria militar estratégica de Rusia y que enfrenta sanciones internacionales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea. La planta de Votkinsk representa un objetivo logístico de gran importancia, ya que sus productos son ampliamente utilizados por Moscú en el contexto del conflicto actual.
Mientras las autoridades rusas insisten en la narrativa de un ataque con drones, las autoridades ucranianas sostienen que lograron el objetivo utilizando su propia tecnología misilística, lo que indica un avance en su capacidad de ataque a larga distancia. Esta incursión se produce en un ambiente de máxima tensión, impactando directamente en la cadena de producción de armamento de última generación del Kremlin.

